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miércoles, 26 de agosto de 2009

Pandilla de mamones

Ahora que ya se está acabando este agosto de los cojones que tanta calor nos ha dado (aclaración, aquí en La Eternidad hace el mismo clima que ahí abajo, dicen que para que nos sintamos como en casa ¡Cágate lorito!) se prepara el merdé del Estatut y la madre que lo parió. Y ya salen todos los políticos, pobrets, a decir que si les rompen el juguete no jugarán más, que no se vale abusar, que se irán a jugar a otro barrio y demás gilipolleces varias ¡Vaya pandilla de mamones! O sea que no les basta con mangonearnos todo el tiempo sino que además quieren tomarnos el pelo. Bueno, en realidad tomároslo a vosotros, porque yo ya estoy por encima de todo eso, estoy en un nivel superior como si dijéramos. Pero ¿Qué se han creído estos gilipollas? Si saben de sobra que dirán Amén Jesús salga lo que salga del Constitucional, que son expertos en bajarse las bragas cuando hace falta. Darán muchas voces, eso sí, para hacer ruido y que vean todos lo duros, comprometidos y concienciados que son. Pero nada. En cuatro días se olvidará el tema. Dirán aquello del “sentido de estado”, “lo de “actuar con realismo”, se la envainarán y a correr, no sea que pierdan el pesebre. Porque no estoy en ese departamento de La Eternidad, que sino, me metía en Rayos y Truenos y les iba a lanzar una buena, directamente sobre sus cabezas. En fin, niño, dale al aparato y deleita a estas buenas gentes con otro “recull” de mi arte.

jueves, 2 de julio de 2009

No hay dos sin tres

¡Esto se anima! Como no para de llegar gente, que si actores, que si cantantes, que si escritores, que si otras gentes de mal vivir, pues están pensando en poner aquí una zona vip de llegada, con su alfombra roja, su mostrador y su catering, por aquello que la transición, ¡el traspas!, les sea más llevadero, menos traumático. Que digo yo que ¡Qué cojones! ¡Podían haberlo puesto hace unos meses! La cuestión es tocar las pelotas. A los pobres ni agua. Ya lo dijo aquel, que si la mierda valiera algo, los pobres naceriamos sin culo.
Pero bueno, no me quejaré porque a la idea ya venía acostumbrado. No puedo decir que me pillara de sopetón. Así que ahí va otra charla y hasta la próxima. Niño, dale al manubrio.